



El mundo está en una dinámica constante de cambio y nosotros debemos estar atentos para
adelantarnos a este y no quedar atrasados. En un principio era la era del intercambio siendo
el “trueque” la base de esta época, luego pasamos al tiempo de la producción en donde el foco era
incrementar la oferta, la cual llega a su cúspide con la revolución industrial en Inglaterra.
Empezaron a salir nuevas empresas y la época de la competencia se hizo sentir con fuerza,
sacando partido quienes eran los más grandes. De un momento a otro se encontró que había
empresas iguales o más grandes que ellas, siendo la venta el eje central de este periodo.
Y por último pasamos a la era marketera, en donde cada producto y servicio es pensado en
satisfacer al cliente en el corto y largo plazo. Otorgando, ya sea en venta de producto o servicio,
una experiencia. Se puede encontrar de todo, por lo que la diferenciación es algo clave, en donde
agregar valor a lo que uno hace se ha transformado en una necesidad obligatoria.
Ahora, ¿cómo logramos esto? ¿Qué es lo que se valora?
El mundo está en crisis y todos lo sabemos. Unos lo entienden mejor que otros, muchos se hacen
los tontos o no le toman el peso porque no mucho les afecta, pero al fin y al cabo todos sabemos
que si seguimos de la manera en que estamos el mundo se va acabar y más pronto de lo que
pensamos. El triple buttom line se está aplicando de a poco en las empresas, ya sea como política
del buen vecino, como estrategia de marketing u otros. Pero lo importante es que los cambios de a
poco se van haciendo.
Nos encontramos en el siglo XXI, o más bien llamado “el siglo verde”, en donde los negocios
se deben pensar en el largo plazo. Por esto, el ámbito económico dejó de ser el foco primario,
ahora hay que pensar en nuestro planeta tierra, pero ¿de que forma? A través de mecanismos,
planeación, control, dirección, externalidades etc., que se enfoquen en el cuidado del
medioambiente. Las empresas tendrán su mirada puesta en el área verde, tratando de hacer la
menor cantidad de daño al mundo. Trabajando así, con materiales reciclables y biodegradables,
contaminando en la menor cantidad posible y reduciendo al máximo la emisión de bonos de
carbono.
Es impresionante analizar el daño que hacemos como seres humanos sin siquiera darnos cuenta,
teniendo todos las posibilidad de colaborar de manera simple y eficaz. Por ejemplo, un ton de
papel reciclado permite ahorrar: 25.000 litros de agua; 2 barriles de petróleo (sirve para andar
2.142 km); 4.100 kw de energía (gasto de 1 casa por 6 meses); 27,21 kg de contaminación en el
aire; y se evita la tala de 17 árboles. Es impresionante ver que cifras como estas hay muchas,
y que por más que nos alarmen no hacemos mucho. Las empresas de este nuevo siglo deben
centrar sus acciones hacia el sector ecológico si es que quieren ser una compañía globalizada o en
vías de.
Como dije anteriormente estamos en la época en que se busca entregar satisfacción al cliente,
debemos tener claro que las personas no compran productos o servicios, sino que compran
beneficios. Entonces no compramos simples productos, el valor está en los problemas que los
productos solucionan, o las nuevas oportunidades que estos ofrecen. Por ende, la solución que
entregan hoy en día en gran parte aparece direccionada hacia el ámbito ecológico, estos negocios
son más apreciados por los clientes e incluso estos últimos estarían dispuestos a pagar una cifra
superior por un producto que cumpla la misma función que otros, pero con la diferencia de que
este colabore a combatir efectos medioambientales como por ejemplo, el calentamiento global.
Esta cultura verde cada vez se va expandiendo más a lo largo del mundo, para darse cuenta de
esto basta con sólo googlear y visualizar la cantidad de negocios verdes y ecológicos que nacen
día a día, por lo que dejar este tema de lado sería auto marginarse del mundo globalizado.
La responsabilidad empresarial cada vez toma más fuerza en las empresas y esto es algo que
los clientes exigen y valoran. Pero no un RSE estilo filantrópico, sino que involucrándose en el
problema para que en conjunto pueda ser solucionado, ya no basta con sólo aportar con dinero.
Resumiendo entonces, es este foco de trabajo la mejor manera de agregar valor a las compañías.
En Sudamérica gracias a Brasil somos considerados el pulmón del mundo. El amazonas nutre
de oxígeno al mundo entero, por esto se tiene que cuidar como debe ser, aplicando también las
políticas necesarias para las empresas de tal país, para evitar así dañar al mundo y por ende a
nosotros mismos.
Es responsabilidad de cada uno de nosotros seguir y exigir esta línea, siendo principalmente
agentes de cambio en el mundo de hoy, buscando soluciones tanto globales como aplicables a
todos los países.
Para terminar quiero mencionar la palabra replicabilidad, la cual no es comúnmente utilizada,
pero ya está siendo interiorizada por toda Sudamérica. En el siglo anterior como bien decíamos
la misión y visión de las empresas eran prácticamente iguales, o sea centradas en el corto
plazo. Pero hoy en día estas se han modificado, direccionando las empresas hacia el futuro.
Las acciones, gestiones y direcciones tienen un pilar llamado replicabilidad, hoy todo se hace
pensando en las consecuencias que ellas puedan traer en el futuro y en el resto del mundo. Las
empresas Sudamericanas son pioneras en este ámbito, por ejemplo Chile, país que posee las
mejores tecnologías para el mantenimiento de salmones, siendo esta técnica replicable en el futuro
a lo largo de todo el mundo. Ahora se piensa para crear, se crea para cambiar, se cambia para
desarrollar, se desarrolla para ayudar, se ayuda para vivir en un mundo mejor.
¿Has reflexionado al respecto? ¿Cuánto has dado por ayudar? ¿Alguna vez te lo has cuestionado?
Por: Sebastián Salinas Claro

