



Diario El Mercurio Revista "El Sábado", 23 de Abril de 2011
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http://3w.lun.com/revistas/contenidoPaginav2.asp?pagina=SAPRO026201104231H.SWF&fecha=2011-04-23&nomencRev=SA&tipoPantalla )Cinco escolares chilenos, una buena idea, espíritu empresarial y una organización que los impulsó. Esta es la historia de cómo estos jóvenes de Puerto Montt terminaron en Nueva York después de ganar el concurso de emprendimiento juvenil de Endeavor en Chile, gracias a sus chocolates de frutas de la Patagonia. Y gracias a una nueva manera de pensar que puede cambiar la vida de muchos.
Paula Escobar Chavarría, desde Nueva York "Siempre he tenido carácter y personalidad", dice la puertomontina Valeska, de 17 años. Está sentada en un restorán en la Grand Central Station de Nueva York. Los transeúntes corren para tomar metros y trenes a todas partes de la ciudad y del país, mientras en su mesa aterrizan pizzas y helados, para ella y para los otros cuatro jóvenes ganadores del concurso de emprendimiento juvenil de Endeavor (Jumpstart), que casi a las 4 de la tarde hacen por fin una pausa para almorzar. Triunfaron sobre mil 800 otros participantes nacionales, todos de Puerto Montt y de liceos técnicos como el suyo, gracias a sus chocolates "Piedrazul" ("crafted products, unique flavors of the world", como los definen en el brochure), hechos con frutas nativas recogidas de la Patagonia chilena, como murta y calafate.
"Por eso, yo estaba a cargo de vender", sigue Valeska, y cuenta que ofrecía los chocolates donde fuera. Nada la paraba. "Incluso si había que vender callejeando", dice, y agrega que finalmente lograron dejarlos a consignación en un restorán de Angelmó, donde los turistas se los peleaban.
Mientras siguen comiendo la pizza, empiezan a contar cómo llegaron aquí, a esta tarde primaveral neoyorquina, estos cinco sureños que -salvo una- no conocían Santiago: Noemí Huenulef, Yocelyn Soto, Valeska Mansilla, Camila Escalona (no es pariente del senador PS) y Francisco Pérez.
Liceo rural Piedra Azul, a 16 km. de Puerto Montt, camino a la Carretera Austral. En su colegio comen pan con huevo y café con leche en las mañanas. Dicen que es un lugar acogedor: paisaje verde intenso sureño, con ruido de pájaros y salas de clase mirando al mar. Tan bonito como invisible, es un liceo técnico que no era conocido por ganar premios. Pero aparece el concurso organizado por Endeavor y Fundación Chile, y el grupo -"nos decían las chicas superpoderosas"- se inscribe. Tras varias sesiones y clases de emprendimiento, realizadas por profesores de la Universidad Adolfo Ibáñez, tienen que crear una empresa y un producto "con valor agregado". Marketearlo, tener plan de negocio, proyecciones, contabilidad... ¿El premio? Un viaje a Nueva York, a la gran gala de emprendimiento juvenil mundial organizada por la entidad norteamericana experta en este tema, NFTE (se pronuncia "nifty"), que existe en 21 estados de ese país y 10 países, incluidos China, Alemania e Israel.
Noemí, de 18, la líder del grupo, piensa: Sé hacer chocolates. Y se lanza a la piscina con sus mejores amigas. Luego se incorporan Camila, a cargo de las finanzas porque es buena para las matemáticas, y Pancho, a hacer las cajas de madera.
Y así se meten en una historia que pensaron que les tomaría dos meses y algunas cajas de chocolates, pero que ya va en seis, y que los puso en el centro de un escenario de un hotel en Times Square, con más de 500 personas aplaudiéndolos de pie, y con el legendario basquetbolista Magic Johnson declarándoles su admiración y motivándolos a seguir su vida de emprendedores.
Mientras ellos cuentan su historia, llegan los helados, de diferentes sabores y gran tamaño. "Me gusta Nueva York porque cada uno vive su vida y nadie se mete", dicen. "Todos se visten como quieren". Al lado, un hombre alega fuerte porque el paraguas está ocupando parte de su asiento... Ellos se ríen.
-Este helado parece que tenía ajo y no me gustó- dice Noemí y lo deja a un lado. Quiere ser chef, cocinar en grande, y exportar sus productos. Ya cumplió 18 y dice que sacará la iniciación de actividades pronto. Pero primero, hará su práctica del liceo, en construcción. "Me gusta terminar bien todo lo que hago", dice. Y en su tono se siente esa determinación y carisma tan propios de los emprendedores. Esas ganas de salir adelante a pesar de cualquier dificultad.
Lo mismo Valeska:
"Cuando yo me quedé embarazada pensé altiro en tirar pa adelante...Yo no iba a dejar mis estudios de lado porque voy a tener un hijo, eso pensé. Tenía 15 años, segundo medio. Estudié todo el primer semestre en el colegio y en el segundo di exámenes libres. Tercero medio empecé de nuevo a estudiar año completo y ahí fue cuando empezamos con los chocolates".
Hoy ella tiene 17 y su hijo 2 años. "Se llama Maximilano y es precioso".
Los profesores "hiperventilados"
Alan Farcas es el director de Endeavor Chile (una organización internacional basada en Nueva York, que promueve el emprendimiento a nivel global). Fue llamado a integrar el Consejo de Equidad en el gobierno de Michelle Bachelet y de ahí salio la semilla de este proyecto: Patricio Meller le encargó presentar una iniciativa con los jóvenes y llegó a esta idea. En un trabajo conjunto, y financiado por el BID, se diseñó el programa de emprendimiento juvenil que fue aprobado por consenso por los 48 integrantes del Consejo.
"Con ese primer borrador nos propusimos en Endeavor crear una industria de contenidos de emprendimiento en liceos en Chile, pasando de los proyectos piloto a un modelo escalable. Presentamos el proyecto a CORFO y el BID (con su programa Chilemprendedoras) nos siguió apoyando para ejecutar en el 2010 el proyecto en los siete liceos técnico profesionales de Puerto Montt", cuenta Farcas, mientras corre por Broadway camino a una reunión con los jóvenes de Piedra Azul.
Con el apoyo de otras instituciones, como Fundación Chile, la alcaldía e Intendencia de Puerto Montt, entre otros, se diseñó el plan, que son módulos de clases de emprendimiento, donde se les enseña tanto las llamadas habilidades "blandas" como las "duras". Las primeras son, por ejemplo, trabajo en equipo, autoconocimiento, liderazgo, oratoria. Las segundas, contabilidad, marketing, plan de negocios... Al final de los módulos vino el concurso, donde cada grupo presentó y ejecutó un negocio.
Valeska dice que lo que más los incentivó era la manera de enseñar de los profesores. "Se nota que les gustaba lo que estaban haciendo. Las clases eran relajantes. Entretenidas. Jugábamos, teníamos que decir ideas, competencias. No era lo típico de pasar materia, pasar materia...", dice levantando las cejas.
Los demás asienten. Noemí agrega: "Si los profes llegan con ánimo, uno se contagia".
Estamos ahora en el lobby de su hotel, al lado de Times Square. Hoy es el día de la gala y están nerviosos, pensando desde cómo expondrán sus chocolates hasta cómo se peinarán para la noche. Y está el problema del inglés. "Nos da rabia no haber aprendido más inglés...", dicen.
-¿Qué es lo más importante que aprendieron en las clases de emprendimento?
-Valeska: Lo que aprendí es...a controlarme.
-¿Cómo?
-Ellos me enseñaron que si alguien me echaba mala onda, igual tenía que tomarlo en cuenta. O sea, si me decían que algo estaba malo, tengo que buscarle el lado bueno. Creo que eso fue lo que más me sirvió.
Recuerdan que hubo un momento en que aplicaron eso. Tuvieron que hacer una presentación a sus compañeros sobre sus chocolates. Dicen que "nos tiraron mala onda, críticas al proyecto, y nosotras nos enojamos mucho. Pero seguimos y pudimos decir: Lo vamos a considerar".
"Nos enseñaron a no tener miedo. A enfrentarse al mundo. Nos decían: párense, hablen, digan lo que tengan que decir. Al principio hablábamos bajito, con vergüenza, nerviosas, tiritábamos. Pero aprendimos a hablar con ganas, con pasión".
Los chocolates se hacían en grupo, pero con los roles bien definidos, como buena empresa. Noemí hacía los chocolates, Yocelyn la ayudaba. Camila llevaba las finanzas ("anotaba todos los gastos, todas las boletas, y luego los ingresos, en un cuaderno") Valeska recorría puntos de venta para venderlos, y Pancho, las cajas. Cuentan que primero se les había ocurrido hacerlos rellenos de leche condensada, pero después pensaron que era mejor ponerle las frutas de la zona, las mismas que ellos desde niños han recogido, y así llegaron a la murta y el calafate. Y el concepto patagónico fue el que eligieron para marketearlo: se asociaron a la marca "país" más global que tiene Chile.
Un jurado, compuesto por emprendedores de Endeavor chilenos y extranjeros, más los socios del proyecto, evaluó aspectos como la visión, la motivación al emprender, la pasión, perseverancia y el sueño del grupo.
Y en un teatro de Puerto Montt, lleno de cientos de jóvenes, le dieron el gran premio a Piedrazul.
"La final fue muy emocionante, nos pusimos a llorar. Estábamos muy nerviosas. Pensé que no nos habíamos ganado nada... Fue Rodrigo Díaz, de Rojo. Y pensábamos que, por último, nos conformábamos con haberlo conocido a él", cuentan y se ríen.
"Nosotras dijimos: si el premio es ir a Nueva York, ¿por qué no lo vamos a ganar? Aunque viniéramos de un colegio rural, retirado, lejos. Habían varios profes muy buenos. Sebastián Errázuriz fue un súper profe. Hiperventilado. Y hasta el día de hoy esos profes nos siguen apoyando. Nos llevaron al cerro San Cristóbal, no lo conocíamos. Lo encontramos grande, pero nunca tanto como Nueva York...", dicen riendo.
Unas horas antes fueron recibidos aquí en Nueva York por Michelle Bachelet en sus nuevas oficinas de ONU Mujer. Partieron tímidos, pero ya sentados en la sala de reuniones de la ex Mandataria, se fueron soltando. "Es agradable estar aquí con usted", le dijeron. Ella los alentó a seguir adelante. Tres le contaron que quieren ser doctoras. Tras casi media hora de reunión, se despidieron, se sacaron fotos con ella, y recibieron un abrazo cada uno. "Guarden todo esto en la retina, porque muchos compatriotas quisieran ver lo que ustedes están viendo ahora. Y para compartirlo, saquen muchas fotos", les dijo Bachelet.
Los "Piedrazul"en New York Post
La neoyorkina Linda Rotternberg es la fundadora y directora mundial de Endeavor. Desde su oficina en Manhattan cuenta que en países como Chile, donde empezó a ir hace 20 años, la gente pensaba que allí no se podía ser entrepreneur (como son llamados los íconos de esta era, y que no tiene una exacta traducción en español). "Decían: no hay que soñar grande aquí porque nadie te va a apoyar si no tienes los apellidos... y además te van a decir que fallar no es una opción, que si fallas te vas a tener que ir al último rincón de la Patagonia... Había entonces muy pocos modelos a seguir de self-made man. Y por eso creamos Endeavor, para apoyar a esos empresarios a que tengan gran éxito y luego contar sus historias, para que otros vean que es posible y puedan inspirarse. Y desbloquear las barreras internas. Creo que esa es la mejor manera de promover el espíritu emprendedor. El sueño es que los chilenos de 15 años digan: quiero ser un entrepreneur", dice Rottenberg.
Los cinco de "Piedrazul" ya tienen la semilla. Y ya dieron frutos. En la exposición antes de la gala, y sin entender inglés, se las ingeniaron para mostrar sus productos e incluso vender varias cajas. El New York Post los mencionó en su cobertura del evento, junto a un emprendedor chino y una americana que hace té gourmet.
"Lo principal es que los chicos se lograron reunir y asignarse roles determinados. Y eso falta a veces en los otros emprendimientos juveniles. Existe desconfianza en lo que está haciendo el otro. También los ayudó a triunfar sobre los demás proyectos el que ellos lograron entender la idea de formar una empresa. Tienen todos los componentes: se organizaron, hicieron un buen producto, punto de venta, hicieron buen marketeo. Y el más importante, le pusieron mucha pasión al trabajo", relata el profesor Francisco Bojanic, del liceo Piedra Azul, que también fue un puntal para ellos, y que los acompaña en la gala.
La idea de Farcas es que ahora este programa crezca y llegue a muchos más jóvenes en todo Chile: "Hay que tener una industria potente de contenidos de emprendimiento para liceos, a través de la certificación de organizaciones nacionales e internacionales. Y escalar esto a todo Chile".
Son más de las 8 de la noche y los jóvenes, de largo y elegantes, sonríen nerviosos hasta que los llaman al escenario, junto a los demás ganadores americanos y extranjeros. Suben con cuidado, y ahí es cuando Magic Johnson, el basquetbolista, les da un discurso motivacional. Les habla de sus raíces y de cómo él logró triunfar y salir adelante. Aunque los chicos no entienden inglés, se paran a su lado para la foto y disfrutan el momento. Luego, el animador pide una ovación de pie para todos los que ganaron.
De vuelta a las mesas, están contentos y cansados. Saben que esto puede ser el comienzo de algo nuevo y más grande y no quieren que sólo sea un momento de sus vidas.
Según Steve Mariotti, fundador de NFTE que ha dedicado su vida a la educación del emprendimiento a los jóvenes, esa visión de su futuro es lo más importante,
"Si ellos pueden tener una visión de a donde quieren llegar en la vida, eso es el 95% . Frecuentemente no son motivados a pensar en qué quieren ser cuando tengan 35 o 40 años. Y si logras que un niño tenga una visión de sí mismo, ella se hace realidad. En mi opinión, casi todo lo que te pasa está basado en lo que estabas pensando inconscientemente diez años antes. Realmente creo eso. Tu visión se transforma en tu carisma y en tu seguridad y confianza", dice.
Las luces se empiezan a apagar en el Hotel Marriott y los invitados comienzan a irse.
Los jóvenes se ven contentos y cansados.
Ha sido un largo viaje.
"Nos enseñaron a no tener miedo. A enfrentarse al mundo", dicen los chilenos sobre su preparación.
"El sueño es que los chilenos de 15 años digan: quiero ser un entrepreneur", dice Linda Rottenberg, fundadora de Endeavor.

